
Hoy es uno de esos, fiesta mayor en mi pueblo, el día de la Patrona, y preludio a la Gran Semana, esta madrugada ya ha salido una procesión, rapiditos que somos para todo... los lugareños más esforzados se visten el traje regional/local y se van en cortejo a hacer la ofrenda floral, muy colorista de verdad, no es una crítica me encanta que se dedique tiempo a mantener la cultura popular esa que nos identifica y nos une al margen de otras cuestiones aunque sea por un día.
Pero yo que siempre he sido algo marginal y a estas alturas del negocio pues no le veo yo enmienda al asunto, no voy a la ofrenda, no tengo traje regional/local, así que me dedico a hacer esas cosas que haces cuando tienes tiempo y una de ellas, una que nunca acabo es la tarea de ordenar libros, libros que se van amontonando mientras reviso el criterio, muy revisado por eso siguen amontonados, de organización.
Además que siempre me pasa lo mismo, llevaba una rato intentando poner a los filósofos juntos pero no revueltos, no quiero conflictos en mis estanterías y de repente por intentar abarcar más de lo que mis manos pueden han ido a parar al suelo unos cuantos...mala pata oigan, y de estas cosas que pasan uno cae, y al caer se abre, uno muy manoseado, muy barato, muy de cuando no tienes pelas pero necesitas leer, uno tal vez comprado de segunda mano, no recuerdo, y claro me siento en el suelo y empiezo a leer ¿ven lo que me pasa?, y después de releer pues derecha a contarles, intuyo que hoy no va a ser el día en que acabe de ordenar...
He soñado con una país. Era en otra vida. He soñado con un país en el que había hecho mucho viento. Era en otro mundo. He soñado con un país en el que la desgracia se había vuelto tan intensa, tan grande, tan negra que era como un inmenso árbol entre el sol y las personas. Entonces, un día parecido a la más profunda de las noches los leñadores se revolucionaron, y no había sierra bastante grande, ni brazos bastante poderosos para cortar desde las raíces el maldito árbol. Pero los leñadores se pusieron todos juntos, y era el final de una guerra, y los campos estaban negros de buitres, y el aire pestilente de hombres y caballos muertos. He soñado con un país en el que los niños y las mujeres ayudaron a los leñadores a abatir la desgracia.
Lo he soñado una vez, lo he soñado otra... y todas las noches de mi juventud, y todas las noches de mi cuerpo maduro, jamás he soñado otra cosa, otra música, otra cabeza girada.
Louis Aragon (1897/1982). Tiempo de morir (La mise à mort 1965) Alianza/Lumen ( Pág. 200)
Imposible ordenar tengo que seguir leyendo ¿lo comprenden verdad?, estas son las cosas que hago y no hago en los días de fiesta, siempre es igual...y sin embargo me sigo sorprendiendo...